NAGUIB SURUR Y LAS CUARTETAS DEL COÑO DE SU MADRE
Naguib Surur (1932-1978)
"Dramaturgo, poeta, actor y crítico egipcio, cuya carrera literaria duró veinte años y que se convirtió en una leyenda en vida. Desde finales de los 60 hasta su muerte, Surur fue una de las más importantes figuras del teatro egipcio. (...)
Naguib Surur se graduó en el Instituto de Artes Escénicas en 1956 y continuó sus estudios en la Unión Soviética donde se doctoró. Tras volver a Egipto, Surur debutó en 1964 como director con la obra de Antón Chéjov El jardín de los cerezos en el Pocket Theatre. Fue profesor en la Academia de las Artes hasta mediados de los 70, donde dirigió y actuó en varias obras.
Como actor, Surur tuvo su interpetración más memorable en la obra Okazion (Ocasión) de Shawqi Abdel-Hakim en 1977. Surur interpretaba el papel de un dramaturgo en paro y alcóholico, cuya tragedia fue reflejo de su propia y turbulenta carrera.
Su obra Al-Ummiyyat, inédita, es un grito forzado que surge de una mente torturada con visiones de crucifixión y angustiosos ataques a la cultura oficial. Durante los últimos años de su vida, Surur sufrió de continuas depresiones. Murió el 24 de octubre de 1978.
La obra literaria de Surur incluye ocho obras, tres adaptaciones teatrales, cinco colecciones de poemas, y cuatro de ensayos, entre ellos A journey into Naguib Mahfuz's Trylogy (1969)".
Hasta aquí su biografía oficial, yo la encontré así en internet, no recuerdo ahora la dirección, y tal cual la traduzco del inglés. Pero para ser honestos, hay que añadir algunos datos. El autor de las líneas precedentes no quiso molestar, prefirió quedar bien con alguien más poderoso que él, olvidando en el camino el respeto a la verdad y su propia dignidad. Desgraciadamente, no es poco común que esto suceda en un mundo como éste; pero, por suerte o por desgracia, siempre habrá personas valientes como Naguib Surur, que han sufrido o sufren la represión de los poderosos y, en muchas ocasiones, también la tortura y la prisión por hacer uso de su inteligencia de manera independiente.
Empecemos por el título de su obra más popular y quizá más valiente, las citadas Ummiyyat ("Las de la madre"), o mejor, como él mismo las nombró (¿qué derecho tenemos para enmendar el título de una obra a su propio autor?), las Kussummiyyat, en su traducción, casi literal, "(Cuartetas) del coño de su madre", que no han sido publicadas, pero, recitadas y en cassettes, han circulado en los ambientes egipcios más críticos con el sistema y hay varias versiones disponibles en internet. Naguib Surur mandó a tomar por culo a los mojigatos y habló claro, clarísimo, en estas "cuartetas", puso más de un nombre propio y no de cualquiera: ministros, presidentes, los que todos conocemos, pero nadie se atreve a señalar, y no me refiero a un país concreto en una época concreta. Bien, el se atrevió a hacerlo en su tierra y en su época y por eso, como se dice más arriba, "sufrió de depresiones" durante los últimos años de su vida. Sufrió de depresiones, sí, pero de lo que más sufrió fue de desprecio, paro, prisión, torturas, enfermedades y hambre; y por decir lo que todo el mundo sabía y nadie se atrevía a denunciar:
A uno de confianza lo enviamos de mensajero
a los responsables en el séptimo cielo,
que les diga lo que pasa y decir no quiero:
si les sorprende, me corto los dedos.
(...)
Tuve la paciencia de un camello y me mandaron a prisión
y la llamaron manicomio, que quiere decir sala de torturar.
Surur estuvo en la cresta de la ola durante una temporada, tuvo sus momentos de merecida gloria cuando aglutinó en torno a sí lo que el crítico teatral Farouk Abdel-Qader llamó los "derviches de Naguib Surur". Carismático, rebelde y con ganas de buscarse problemas, editó en 1977 Hakada qala Yuha ("Así habló Yuha", o, para quien no conozca a Yuha, "Así habló Perogrullo"), donde ponía en solfa las teorías "chauvinistas y nacidas del complejo de inferioridad" defendidas por los iconos sagrados de la moderna literatura egipcia, Tawfiq al-Hakim y Yusuf Idriss. Mientras estos dos famosos literatos discurseaban sobre el teatro egipcio anterior al contacto con occidente, don Naguib demostraba que hablaban de cosas que no habían existido nunca.
El mencionado papel en "Ocasión", llevada a escena por Leyla Abu Seyf en 1977, no se había escrito en el texto original: Surur creó un personaje que no era otro que él mismo. La obra describe la prostitución del arte en un sistema donde quien manda es el empresario, que es más poderoso cuanto más feroz, lo que obliga al artista a venderse para sobrevivir. Los que estuvieron presentes en estas actuaciones están de acuerdo en que el papel de Surur produjo uno de los momentos más memorables en el teatro egipcio de su época y que lo que vino después no era nada menos que las pesadillas más oscuras de Surur hechas realidad.
Pero él no hacía más que contar a los demás lo que veía a su alrededor, en su puesto de trabajo, entre sus compañeros y sus jefes. Él mismo lo dijo en las Cuartetas del coño de su madre, y también dijo que cualquier egipcio podría contar lo mismo; aunque habría que añadir a cualquier ser humano. Desgraciadamente sus palabras son cada día más actuales, nos hacen más falta para no olvidar dónde estamos y de dónde venimos, para saber a dónde nos dirigimos.
Estas cuartetas son herejíacas para un defensor de la cultura oficial. Se ha dicho que estas Cuartetas son el producto de la locura, el alcoholismo, la desesperación ... Yo no me lo creo, pienso que son palabras puras y diáfanas, sinceras y claras, afiladas como puñales pero estudiadas y escogidas para asustar a los que quieren negar que la vida es dura. Es dura sobre todo para aquéllos que odian lamer culos importantes.
Antonio Palacios
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